17th
Adentro
Si miro hacia dentro de mí siento una furia roja como el atardecer y profunda como una noche sin estrellas. A veces me pregunto si soy yo o es el mundo que pinta todo con un tinte colérico. El más mínimo sonido provoca emociones intensas en mi mente. No es que desee la muerte de todos los que me rodean, o que imagine castigos eternos para aquellos que me cruzan en un momento desafortunado. Es simplemente que un leve murmullo fuera de lugar es capaz de elevar mi nivel de odio hacia un punto blanco (suelo ver un punto blanco en momentos de cólera) incontenible. Pierdo la vista, mis sentidos se diluyen en una nube abstracta de cólera y dejo de ser.
Y sin embargo los martes por la tarde no soy capaz de sentir odio, ni furia, ni cólera, ni amor… Solo siento…. algo que me envuelve…. y me separa del mundo.
Pero después…
Siempre regresa, en momentos anunciados y no anunciados. La hora no es importante cuando uno está furioso.
Mis ojos comienzan a entrecerrarse lentamente. Mi mirada se fija en un punto. Dejo de pensar y comienzo a respirar más rápido. De pronto me doy cuenta que estoy sentado y el espacio me queda chico. Me muevo, me levanto y me vuelvo a sentar. Comienzo a sentirme ofendido sin ninguna razón y entonces el orgullo, ahhh siempre el orgullo, se aparece en primer plano para restregarme en la cara lo poco hombre que soy!
Las consecuencias no existen en mundo colérico. Las razones no tienen nombre y las personas se vuelven obstáculos. En este mundo solo hay un dios que guía mis movimientos, el orgullo. Y solo hay una meta, llevar mi orgullo a un trono de donde pueda elevarme y donde el mundo quede tan abajo que desaparezca. En ese mundo de ira blanca soy rey de mi propio destino. Y sonrío.
Pero hoy es martes. Hoy no tengo dios ni religión, solo un absoluto sentido de vacío que se expande como una plaga dentro de mí y llena los huecos y los no huecos.
Ira blanca mañana por la mañana. ¿Seré alguien normal?

-Elian