1st
Flujo
Aun la luz puede viajar sobre el agua. Y si lo intento un poco, mis pensamientos también. Muchas veces me he preguntado que se sentiría ser una molécula líquida, acoplarse a cualquier lugar y ser siempre parte de un todo. Pienso que el agua es como una hermandad de seres que no pueden vivir sino en grupo, obedeciendo no sus caprichos ni sus deseos, sino los quiebres y deslices de en lo que en un instante son su contacto con la realidad. Creo firmemente que las moléculas no tienen política ni presidentes, pero si una conciencia aguda y desarrollada que les hace esconder a los humanos que en realidad, en noches de luna, hablan.
Cierro los ojos y comienzo a oler el conjunto de moléculas que conforman el río. Cada una tiene un olor peculiar pero juntas huelen a algo que llamamos “fresco”. Acerco mi mano a la superficie pero la detengo justo antes de tocar la fina tela que cubre la cima del río. Siento como las yemas de mis dedos quieren separarse para comenzar ese viaje infinito e incierto. Fijo mi vista en una piedra negra y redonda que yace sola al fondo del caudal y por un segundo creo ver como un haz de luz se detiene en ella por un instante para después ser llevado por la corriente.
Sin querer mis pensamientos también se los roba el río. Siento el cerebro mojado y me doy cuenta de que viajo en un flujo infinito. Al fluir sin rumbo todo cobra sentido. Algunas palabras desaparecen mi vocabulario, no recuerdo que significa adelante o detrás, presente o pasado, solo sé que alguna vez fueron. Tomo el papel de “el olvido” y destruyo mis recuerdos, o más bien, los fusiono con la hermandad de moléculas de agua que me han adoptado. Quisiera seguir escribiendo, pero poco a poco me desaparezco…

(foto por Ben: http://flickr.com/photos/visbeek/)
-Elian